Experiencias comunicacionales de la Oficina del Historiador: un sistema integrado y flexible
15 de abril de 2019
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Esta vez la directora de Comunicación de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y de la emisora Habana Radio, la periodista Magda Resik Aguirre, entrevistadora y comentarista de múltiples espacios de la radio, la televisión y otros predios de la cultura cubana, pasa a la posición de entrevistada, desde donde reflexiona sobre el pasado, el presente y el futuro de la comunicación del patrimonio cubano.
¿Por qué consideras que la comunicación fue tempranamente empleada, desde el surgimiento de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, para nuclear a intelectuales, a políticos, a la ciudadanía, alrededor de la salvaguarda del patrimonio heredado?
Ciertamente la comunicación ha sido un elemento muy ligado al proceso fundacional de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, y eso tiene que ver con la personalidad del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, quien era un hombre que en su tiempo empleaba todos los medios de comunicación posibles, para propalar ese compromiso con lo mejor del patrimonio nacional, con la historia nacional, con las tradiciones, hasta con las costumbres propias del cubano.
Roig fue ejemplar, casi modélico, por el hecho de que, siendo un abogado, historiador y un periodista, porque hay que decirlo así, empleó todos los medios de comunicación a su alcance. Y son experiencias comunicativas que no se desentienden de la comunicación directa, esa que era convocar a los grandes públicos, y él, con su capacidad de oratoria, convencerlos y acercarlos a un tema, a una idea. Está también su participación en todos los medios impresos de la época, en los cuales empleaba hasta seudónimos para, en algunos momentos, burlar esa persecución que se le tenía y ese peligro hasta para su vida, por su condición de hombre que denunciaba toda la corrupción y todos los fenómenos, que en ese momento mostraban los vicios de una sociedad republicana.

Emilio Roig de Leuchsenring
Era también un hombre que en cuanto tuvo a la radio como instrumento la consideró vital. Muchas de sus intervenciones se radiaron en vivo. Él mismo fue protagonista de algunos espacios en la radio cubana. Y creo que no llegó a la televisión porque, en el momento en que la televisión era un medio que fue difundiéndose y extendiéndose por todo el país, ya Roig venía en esa etapa de declive en la que no estaba ejerciendo mucho a la vista pública. Pero desde el primer momento marcó para la Oficina del Historiador un rumbo, un rumbo comunicativo. Hay personas que me han dicho: “quizás exageras”, pero yo siempre digo que la Oficina del Historiador, en su fundación, tuvo un móvil que se representa en la comunicación, porque Roig logró hacer ruido, como decimos en buen cubano; logró movilizar conciencias; y logró poner en entredicho a las autoridades locales cuando se trataba de colocar al patrimonio en riesgo.
Pensemos en su gran epopeya para salvar la Iglesia de Paula, y en sus grandes denuncias por el maltrato a los bienes públicos, a los monumentos, ese sentido de la monumentalidad que Roig defendió siempre. O sea que fue un hombre que fundó; fundó una visión, una perspectiva de la comunicación, que luego ha sido muy bien trabajada por el Dr. Eusebio Leal Spengler, comunicador también por excelencia, un hombre que ha empleado todos los medios posibles para dirigir su mensaje de compromiso con el patrimonio, con la historia, con el sentido de país, con la capacidad que debe tener el proceso de restauración, de no desentenderse del intercambio con la ciudadanía; todo lo contrario: permitir la participación ciudadana a través de los medios de comunicación.

Eusebio Leal en lo que fue la oficina de Emilio Roig / Foto Alexis Rodríguez
Y creo que ese ha sido el sentido que ha permitido que la Oficina del Historiador, en todas sus épocas, esté a la vanguardia y a la vista pública como una entidad de alto prestigio, porque sin dudas estos dos grandes fundadores, tanto Roig en sus tiempos como el refundador Eusebio Leal, han entendido que no se puede someter la ciudad a un proceso de rehabilitación integral si no se concibe la comunicación como una ciencia a emplear útilmente en el sentido de comprometer a la ciudadanía. Solo se defiende lo que se quiere, lo que se conoce, y la radio, la televisión, los medios de comunicación, participan en eso directamente.
La Oficina también ha sido consecuente con la visión que tenía Roig de que la comunicación había que emplearla en todas sus variantes; porque cuando Eusebio Leal sacó el museo al campo, cuando se puso a realizar recorridos por el conocimiento de La Habana y a viva voz empezó a convencer a sus conciudadanos, estaba también siguiendo la tradición comunicacional de Roig.
Entonces, ¿esta ha sido la génesis del sistema de comunicación con que hoy cuenta la Oficina del Historiador?
Cómo no, somos herederos de una tradición riquísima. Y ese sistema de comunicación con que hoy cuenta la Oficina, perfectible, que está sometido a esas perspectivas de futuro, que todo el tiempo está reescribiendo tu propio accionar, es un sistema consolidado, es un sistema ya modélico, que ha sido reconocido internacionalmente, que la propia UNESCO lo ha tomado como referente, y hemos ejercido como consultores para orientar estos procesos de comunicación en relación con el patrimonio y con la restauración del patrimonio. Y sí, el sistema con el que contamos hoy sin dudas posee esa ventaja, la ventaja de que nuestros padres fundadores han sido comunicadores por excelencia y nos han mostrado el camino. Hay que comunicar el patrimonio, hay que darlo a conocer, hay que ponerlo todo el tiempo a la vista pública, porque de donde nace el compromiso es del sentido de pertenencia.
Andar La Habana, Opus Habana, Habana Radio, el Programa Cultural, una plataforma digital… o sea, la Oficina del Historiador cuenta hoy con un sistema de comunicación institucional, ¿qué distingue a cada uno de estos medios? ¿Y qué los hace similares?

Rutas y Andares, iniciativa de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que renueva cada año sus propuestas en el afán de complacer los más exigentes deseos de la familia cubana
Yo creo que ahí podemos agregar experiencias de comunicación no tradicionales, estas que se fundan en la palabra viva, en la viva voz, como, por ejemplo, Rutas y Andares, que es una experiencia de participación ciudadana y de recorridos que parten de la capacidad comunicacional de los expertos patrimonialistas, que le explican a la ciudadanía, en recorridos maravillosos, los valores que posee y la excelencia de esta ciudad.
Pero te puedo poner otro ejemplo, como Cultura entre las Manos, que es otra experiencia no tradicional de comunicación del patrimonio, que es destinada a la comunidad sorda que con tanto empeño conduce Yalena Gispert. O te puedo hablar de Contigo somos más, un espacio de comunicación para los adolescentes, hecho por adolescentes. En fin, que yo creo que la Oficina ha logrado hacerse esta pregunta: ¿cómo comunicar más y mejor los valores patrimoniales? Y de las respuestas a esa pregunta han surgido experiencias exquisitas, como tú las has mencionado, como Opus Habana, que es una revista que constituye una plataforma institucional para perpetuar en la historia el proceso, la gesta rehabilitadora.
Está, por ejemplo, un programa cultural que está diseñado sobre la base de experiencias prácticas y que es un programa que se cumple a cabalidad, y que mensualmente aparece impreso, aparece en formato digital, aparece en su sitio web.
Está también Habana Radio, como una emisora que ya cumplió veinte años y que forma parte de esa intencionalidad en la comunicación, un vehículo de comunicación con la población, con la ciudadanía, ya ahora en todo el país, tejiendo la red de Oficinas del Historiador y del Conservador, en esa vocación patrimonialista para toda Cuba.
Y están también experiencias en la televisión, que nos permiten desarrollar toda una producción audiovisual que nos identifique y represente en ese medio tan poderoso, en el cual estuvo un programa fundador, un programa que es símbolo y emblema de todo lo que podemos hacer, en esa área, por el patrimonio, que fue Andar La Habana, conducido por el propio Historiador de la Ciudad.
Es decir, todas esas son experiencias comunicacionales que nos ayudan a entender que es un sistema integrado, y que es tan flexible que, con el tiempo, permite que se vayan integrando otras tecnologías, otros lenguajes y otros medios para comunicar el patrimonio como, por ejemplo –lo acabas de mencionar–, nuestra actuación en la red de redes, en las redes sociales, y el empuje que le hemos dado a ese otro modo de hacer llegar los valores patrimoniales.
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