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Trump y la trampa transpacífica

15 de diciembre de 2016

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Se señala a Donald Trump como el primer presidente norteamericano con más dinero cuando asuma el mandato, que se calcula entre 3 000 y 6 000 millones de dólares, diez millones más que los anteriores mandatarios estadounidenses juntos, incluidos el saliente Barack Obama, con “solo” ocho millones.

No sé si al terminar su período o el tiempo en que pueda ejercitarlo, Trump abulte más su fortuna y, conociendo el sistema elitista que controla el país, no se duda generalmente que ello ocurra.

Pero algo llama la atención, y es la oposición del magnate a que se logre el acuerdo transpacífico, luego de expresar su desacuerdo conuno similar con Europa, aunque con otra lectura.

Trump, como se ha escrito, logró la mayoría de los votos electorales en gran medida a la política que realizó en varios estados del norte y nordeste, ex feudos demócratas, donde prometió la restitución del trabajo a decenas de miles de obreros blancos despedidos por la política empresarial de retirar sus fábricas del país y establecerlas en otros donde la mano de obra es mucho más baratas que en Estados Unidos.

Eso, más un 30% de latinoamericanos que no les interesaba para nadala expulsión de los indocumentados y muchos afrodescendientes desengañados de las promesas del primer presidente negro, además de desajustes en la campaña electoral de su oponente Hillary Clinton –quien sí logró la mayoría de los votos de la población-, hizo triunfar su estilo socarrón, sin pelos en la lengua, insultante en grado sumo, con más votos de lo esperado, que le hizo ganar también en otros estados clave.

Si bien en algunas de las muchas promesas de campaña ha dado marcha atrás y ahora las presenta con menos rigor, ha logrado mantener hasta el momento su rechazo al Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por su sigla en inglés), porque lo considera con consecuencias negativas para los trabajadores estadounidenses.

Es decir, paradójicamente, Trump, un magnate multimillonario –algo extraño en un aspirante a la primera magistratura- concuerda incluso con sectores que pudiéramos llamar progresistas norteamericanos, otros que por lo menos tratan de guardar la forma, como la central sindical AFL-CIO, en que consideran que el convenio que perjudica a la mayor parte del pueblo estadounidenses, aunque no a quienes más tienen, zona en que se encuentra el Presidente electo.

Podráser demagogia, y quizás también dé marcha atrás, concuerde y se beneficie junto a los magnates que dirigen y disfrazan el TPP, y para ello habrá que esperar y hasta donde llegará su oposición.

Lo cierto es que el TPP solo realza el poder del capital, aprovechando además una denominada izquierda que sigue hablando del libre comercio, que protege a inversionistas ycorporaciones, y para nada trata de buscar acuerdos internacionales que favorezcan los estándares laborales y ecológicos.

Ante esta lamentable retórica que no fortalece el poder de los sindicatos e impone mayores controles del capital, surge un tratado diferente, no parecido a los 3 200 existentes solo en inversiones.

Se afirma que tal acuerdo fue concebido por Estados Unidos para oponerse a China, pero ello requeriría un capítulo aparte, porque, realmente, pese a lo que piensen los imperialistas, Beijing ha demostrado hasta ahora que no trata de ofrecer un alternativa al capitalismo, sea o no neoliberal, son que quiere aumentar su riqueza, que lo traten como a un igual y no como un subordinado del Tercer Mundo, ni como Japón, dependiente del Primer Mundo.

En relación a EE.UU. este comprendió que la firma del TPP era más importante que enviar portaaviones nucleares a Asia, como lo sigue haciendo, porque permearía más profundamente otras economías, de manera que alinea estructuralmente los intereses de lasa clases dominantes con los de la hegemonía estadounidense.

Esto es apoyado por las élites japonesas, no porque se sientan forzadas a hacerlo, sino por sus propios intereses.

En este contexto, EE.UU. ha estado presionando a Japón para que liberalice su economía desde los años ’70, y el TPP continúa esta búsqueda, presionando a agricultores y fabricantes de automóviles japoneses.

Los artífices del TPP están estructurando el acuerdo para que sirva a sus propios intereses: protección de los derechos de propiedad intelectual y arbitraje de inversionistas facilitan la dominación de las mayores corporaciones del planeta, que siguen siendo europeas, japonesas y, sobretodo, estadounidenses.

Para comprender que intereses se están sirviendo, simplemente hay que notar que los representantes comerciales de EE.UU. van acompañados de más de 600 “asesores corporativos” a las negociaciones, que están envueltas en el mayor secreto.

Es cierto que la tentación ha prendido en muchas naciones del área, pero ya dos de ellas Vietnam y Filipinas, ya no están tan dispuestas a seguir la “hoja de ruta” norteamericana, y han decidido dedicarle más tiempo para estudiar el asunto y dar una respuesta.

La trampa que ha hecho dudar a algunos de esa naciones, las aludidas y otras, es que el convenio facilitará que las corporaciones transnacionales demanden a los gobiernos regulaciones laborales, ecológicas, sanitarias, de seguridad, y otras, a fin de obtener compensación con dinero público por “perdida de ganancias futuras”, debidas a la “expropiación”.

Mucho más habrá que decir y escribir sobre este acuerdo, toda una trampa para los pueblos controlados por gobiernos venales.

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