Jugando con fuego
24 de septiembre de 2018
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El derribo, por parte de baterías antiaéreas sirias, de un avión de reconocimiento ruso IL-20 que se acercaba a la base aérea de Hmeymin en momentos en que cuatro cazas F-16 israelíes violaban la soberanía siria y atacaban los alrededores de la ciudad de Latakia, puso en evidencia la desfachatez con que el régimen sionista desconoce las más elementales normas del derecho internacional pero también, en este caso, puso en entredicho los acuerdos ruso-israelíes anteriormente alcanzados para prevenir este tipo de incidentes.
Teniendo en cuenta precisamente la peligrosidad concentrada en esa zona donde actúan, en reducida área de mar y tierra, fuerzas militares de Siria, Rusia, Israel, Estados Unidos e incluso Francia y Gran Bretaña, se habían suscrito esos acuerdos preventivos que intentaban evitar sucesos tan lamentables como el que acaba de ocurrir.
Quedó demostrado –y así lo denunció el presidente ruso Vladimir Putin– que fueron los sionistas israelíes, mediante el feroz ataque de sus F´16 contra territorio sirio, los verdaderos causantes dela tragedia.
Según las pesquisas realizadas y nunca desmentidas los agresores se escudaron tras el avión ruso que se hallaba a unos 35 kilómetros de la costa mediterránea para descargar su furia homicida contra las posiciones sirias, que respondieron con el uso de sus sistemas antiaéreos.
Se sabe que el presidente ruso conectó telefónicamente con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y le reclamó enérgicamente por estas acciones intencionadas y hostiles, anunciando que Rusia se reserva el derecho de responder adecuadamente en legítima defensa e instó a evitar la repetición de estos incidentes.
La realidad es que tanto al régimen sionista como al gobierno de Estados Unidos les preocupa cada vez más el curso de los acontecimientos en Siria, donde las fuerzas militares en cooperación con la aviación rusa y el grupo libanés de Hezbolah (Partido de Dios) han desarrollado en los últimos meses una exitosa ofensiva recuperando territorios y ciudades y hoy mantienen acorralados a los terroristas en la norteña ciudad de Idlib como su postrer bastión.
Políticamente, los sueños de derrocar al gobierno legítimo de Siria presidido por Bachr Al-Asad han fracasado bochornosamente y nadie concibe ya semejante insensatez, que el pueblo sirio ha aplastado una vez más concurriendo masivamente a las recientes elecciones locales que tuvieron lugar prácticamente en todo el país. Tanto Rusia como Irán y Turquía negocian diligentemente el camino hacia la paz, con el apoyo del gobierno sirio
No es de extrañar, por tanto, que el régimen sionista juegue con fuego y se lance a este tipo de aventuras, en las que también se involucra la Administración Trump, en un intento baldío pero muy riesgoso de evitar que la brutal guerra de agresión contra Siria concluya con la eventual derrota de los terroristas, los sionistas, sus protectores y financistas.
Es un futuro que se ve cada día más claro.
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