Francia se atraviesa
9 de mayo de 2016
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Cuando todo parecía que la llamada Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión, (TTIP por sus siglas en inglés) el muy publicitado tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea marchaba sin obstáculos hacia el momento de su firma, resulta que el gobierno francés –por boca del propio presidente Francois Hollande– ha puesto reparos al parecer imprevistos o al menos poco conocidos hasta ahora, poniendo en duda que tal proceso avance, al menos al ritmo tenido hasta el momento.
Si hacemos un poco de historia, no es de extrañar la actitud francesa, país siempre considerado por los gobiernos estadounidenses como una especie de “aliado incómodo” que en ciertos momentos ha causado dolores de cabeza a la hegemonía imperial.
Desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos propinó a Charles de Gaulle un tratamiento discriminatorio y secundario, esta difícil relación se hizo evidente y se ha comportado –más o menos– de manera similar a lo largo del tiempo, con independencia de la filiación política que hayan tenido los numerosos gobiernos que han pasado por el Eliseo desde entonces.
El poco disimulado afán de Washington de otorgar a Francia la categoría de “viejo colonialismo decadente” se hace presente en todas las circunstancias y molesta sobremanera a los franceses, cuyas clases dominantes se sienten así disminuidas.
En este caso, Francia –país clave dentro de la UE–, parece haber hablado no solo con voz propia, sino expresando lo que otros socios comunitarios piensan pero no se atreven a expresar.
No es casual que la organización Greenpeace-Holanda haya revelado las brutales presiones que ejerce el gobierno de Estados Unidos sobre la Unión Europea para lograr la firma del citado TTIP sobre las bases más convenientes a los yanquis, un esquema que ya han aplicado con otros “socios” anteriormente en otras regiones.
Esta vez, por razones de dignidad nacional y teniendo en cuenta también consideraciones políticas internas en medio de un ambiente de agitación social agravado por el proyecto de reforma laboral, el gobierno francés ha reaccionado duramente, señalando que “tal y como está actualmente es un mal acuerdo” y Francia “no puede firmarlo en esas condiciones”.
El presidente Hollande habló claro al decir: “En esta etapa de las negociaciones, Francia dice no al TTIP porque no estamos a favor del libre mercado sin reglas (…) jamás aceptaremos cuestionar los principios esenciales para nuestra agricultura, nuestra cultura, la reciprocidad en el acceso a los mercados públicos…”
Por su parte, el ministro francés de Comercio, Matthías Felsi, ha reiterado a la prensa que “Europa propone mucho y recibe muy poco a cambio, y eso no es aceptable”, añadiendo que bloquearán las futuras negociaciones (deben ser en julio) “si no hay progreso para mejorar la transparencia, garantizar la seguridad alimentaria y facilitar el acceso de las compañías pequeñas y medianas al mercado estadounidense”.
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