El regreso a Irak
13 de agosto de 2014
|El presidente Barack Obama, -como ha sido ampliamente divulgado y anunciado por el propio mandatario,- dispuso el reinicio de las acciones militares por parte de las fuerzas intervencionistas de Estados Unidos sobre el territorio iraquí. Los bombardeos ya han comenzado y se utiliza como pretexto la protección de una pequeña minoría Kurda, asediada por los terroristas del llamado “Estado Islámico” que en su avance han agredido y expulsado de sus territorios a otros grupos étnicos y religiosos que habitan al norte del país ocasionando ya una verdadera catástrofe humanitaria que tiende a crecer.
La realidad, sin embargo, -según aprecian numerosos observadores y medios de prensa, incluidos estadounidenses,- es que Obama se ve obligado a actuar y enviar de nuevo a la fuerza aérea intervencionista por cuanto los elementos del Estado Islámico se acercaban peligrosamente a la ciudad de Erbil, -capital del Kurdistán y sede de este gobierno autónomo muy vinculado y comprometido con Estados Unidos desde la invasión del 2003,- donde radican un consulado yanqui y un comando conjunto con las fuerzas iraquíes.
El imprevisto arranque humanitario de la Administración Obama es también consecuencia de las presiones que ejercen sobre él los sectores de la ultraderecha opositora republicana, que siempre criticó la retirada de Irak y también reprueba la anunciada y problemática retirada de Afganistán que deberá comenzar, -según Obama,- a fines de este año.
El belicoso halcón John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes y crítico habitual del gobierno, ya dijo que la decisión presidencial de mandar solo la aviación a Irak es una “estrategia mediocre” y aboga por ataques e intervención en gran escala, rememorando a Bush hijo.
Como telón de fondo y haciendo un análisis más profundo y detallado de la situación, las acciones yanquis contra el descontrolado Estado Islámico, -que se armó y organizó en Siria al servicio de las potencias occidentales y las monarquías petroleras del Golfo,- buscan defender y asegurar los ricos yacimientos petrolíferos del norte de Irak, a la vez que crear la crisis política interna en el país que ponga fin al gobierno chiíta de Nuri Al Maliki, considerado por Estados Unidos como perjudicial a sus intereses, por un excesivo acercamiento a Irán y la cautelosa neutralidad en la agresión contra Siria, a la cual no se sumó.
No es fácil por el momento precisar cómo se dilucidará la disputa entre los intereses yanquis y su estrategia intervencionista para la región del Medio Oriente, -donde se dice que ha planificado el “cambio de régimen” en siete países, -y este imprevisto y aparentemente fuera de control titulado “Estado Islámico”, cuyos verdaderos orígenes no están aún claros y no parecen limitarse a un irracional fanatismo religiosos, real o supuesto.
Lo cierto es que Irak tampoco pudo permanecer ajeno al legado de destrucción, muerte y caos absoluto que las intervenciones militares del imperialismo y sus socios de la OTAN han dejado de manera criminal y violando todas las leyes y normas del derecho internacional, -incluidas las contenidas en la Carta de la ONU.-
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