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¿Almagro en picada?

8 de junio de 2021

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Cada vez son más los gobiernos latinoamericanos y caribeños que expresan pública y oficialmente su rechazo y su repudio a la actuación injerencista, vil y perversa de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que ha hundido en la fase de mayor descrédito, desprestigio y corrupción moral desde su creación en 1948 –tal como lo señaló el canciller mexicano Marcelo Ebrard– cargo al que llegó una primera vez por el voto esperanzado de la mayoría de sus miembros y después por la gestión e imposición del régimen de Donald Trump, del cual se volvió alcahuete y lacayo, cumpliendo a sus órdenes las misiones más sucias de la región.

De este modo, se convirtió en traidor por partida doble: a sus ex compañeros del Frente Amplio uruguayo y a los gobiernos que habían confiado en él para reconducir a la OEA, para tratar de orientarla hacia un camino un poco más digno y prestigioso que el que había recorrido hasta entonces.

A todas esas oportunidades renunció extrañamente –no se sabe bien a cambio de qué–para emerger como lacayo del régimen Trump-Pompeo y disponerse a servirlo como heraldo y alabardero de la Doctrina Monroe. Tantas desvergüenzas acumuladas no podían quedar a la larga sin respuestas y han comenzado poco a poco a pasarle cuenta, curiosamente por parte de gobiernos del más diferente signo político y de distintas subregiones del continente, con aparentemente poca relación entre sí pero identificados en el consenso común de que un sujeto de esa catadura no puede permanecer al frente de una organización llena de magulladuras y que trata de sobrevivir.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), también lo ha repudiado en conjunto unánimemente, denunciando su parcialidad, bajeza y sinuosa actuación contra los pueblos de América.

Coincidentemente, el cambio de gobierno en Washington parece no haberlo favorecido y él lo sabe, dando carreritas entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado y haciéndose disponible a la nueva administración, a cambio de que le sea olvidada su sociedad y servidumbre a Trump y ella se interprete como un servicio al Imperio y no un vínculo político con el enloquecido magnate.

Lo cierto es que, desde diversos ángulos y por distintas razones, el secretario de la OEA va cayendo en picada y solo falta el último empujón desde Washington para que así se cumpla el antiguo proverbio latino: “Roma paga a los traidores, pero los desprecia…”.

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