La Habana y Sevilla tras un cruce de destinos
19 de noviembre de 2015
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La galería Carmen Montilla de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana acoge, nuevamente, una muestra producto de la amistad entre pueblos hermanos y el nuestro; un abrazo artístico que sobrepasa los intereses creativos para rendir tributo a sentimientos fraternos.
Se trata de la exposición “Cruces infinitos” de los artistas Enrique Ávila y Antonio Parrilla, que quedó inaugurada en la tarde de ayer por el Historiador de la Ciudad, el Dr. Eusebio Leal Spengler.
En su alocución, Leal reconoció la influencia que recibe la obra de ambos artistas a partir de su procedencia. Antonio Parrilla, natural de Sevilla, España, refleja, a momentos, pasajes de las historia de su ciudad escritos en el trazado de sus edificaciones más distintivas; la tradición cultural de flamenco y sevillanas; los seres mitológicos y fantásticos que se enfrentan a la gigantez del universo. Enrique Ávila, holguinero de corazón, espíritu y pincel, es también un experto creador de mundos abstractos que solo él parece conocer, pero que de cierta forma develan la paleta de colores que distingue a nuestra tierra y sus luces.
“Se puede hacer juicio muy pronto de un país cualquiera. Hay quien se atreve. Sin embargo, los que son más prudentes, guardan esas páginas no escritas en su corazón y después las convierten en memoria. Y de esas memorias surge una rara identificación con lugares distantes, tan distantes como pueden ser La Habana y Sevilla, Cuba y cualquier otro rincón del mundo”, comentó Leal al referirse a esta suerte de acercamiento.
El Historiador, en un momento de su intervención, se refirió a la inmortalidad que confiere a los hombres la obra que han dejado en vida, al citar al poeta y escritor del Siglo de Oro español, Jorge Manrique. Cercano a finalizar, expresó: “La Habana y Sevilla, un discurso de maravillas reunidas en distintos momentos de la historia que nos permiten al final quedar como extasiados. Estas ciudades son estados de ánimo, estados del tiempo. Les agradezco mucho a los dos por haberse reunido, y por hacernos el regalo espléndido de esta exposición en la Galería Carmen Montilla”.
“Cruces infinitos” da nombre a un proyecto de dos artistas que desde lugares muy distantes por geografía se sienten unidos por lazos cercanos. La relación histórica de ambos países marcada por viajes de ida y vuelta entre ambos pintores, se evidencia en el trayecto que historias e inspiraciones hicieron antes de concretarse en la muestra recientemente inaugurada.
“La exposición se llama “Cruces infinitos” porque eso fue lo que sucedió: se cruzaron nuestros caminos, nuestros destinos. Nos conocimos, nos caímos bien, empezamos a hablar de arte y a mostrar nuestra producción. La verdad es que tenemos muchas cosas en común. Ese fue el principio”, aseguró Antonio Parrilla, autor de una amplísima carta de premios, publicaciones y exposiciones en Francia y España.
Como sucede en los más gratos encuentros, aconteció lo inevitable: “Nos hicimos amigos. Llevamos ese cruce a través del arte, la cultura y la creación a un plano personal. Y con nosotros nuestras familias también se acercaron, y sus amigos se volvieron los míos, y todo conspiró para que surgiera una muestra como esta, idea de su hija Marina Parrilla, también pintora”, confesó Enrique Ávila, autor de los relieves escultóricos del Che Guevara y Camilo Cienfuegos que se encuentran en la Plaza de la Revolución.

Esta pieza de pequeño formato, de la serie “Después de…” es a decir de Parrilla, su favorita de las que expone en la muestra
Entre la pintura abstracta y figurativa se mueve la apuesta de ambos autores en esta exposición que acogerá la Carmen Montilla hasta diciembre. Parrilla, desde el saber-hacer de la profesión de ceramista y escultor, que ha modelado la forma y ahora busca el color y con él experimenta. En la obra de Ávila se asoma la figura que emerge de entre las manchas y el abrazo de las técnicas con el óleo y el acrílico sobre la tela. La insinuación para que el espectador descubra detrás de cada textura, lo que hay más allá del cuadro.
Sobre los aspectos que los unifican, destacó Ávila: “Ambos nos fijamos en el detalle de que el arte nuestro inspire alegría, a la paz, a la tranquilidad. Incluso muchos fondos de él, aunque tienen figuras y a veces los míos no, tienen cierta semejanza en algunas pinceladas, en los colores. Todo eso se unió para que nosotros hiciéramos este proyecto que ya ha visitado Portugal, Huelva, Morón de La Frontera, en Sevilla, y ahora La Habana”.

Obras correspondientes a Enrique Ávila, como es el caso de “Encuentro”, “Vitral marino” y “Cavernas en el desierto”
La obra de Antonio Parrilla y Enrique Ávila tiene elementos de unión, la manera de comenzar dando rienda suelta a lo espontáneo que luego se vuelve metódico, técnica. En esto influye que Ávila comparta la profesión de escultor junto a su compañero, y que entre ambas obras fluya la esencia iberoamericana, que forma parte de la idiosincrasia y la forma de entender el mundo que tienen ambos países.
“Cruces infinitos” es sobre todo fusión, mezcla, intercambio; un punto de partida hacia un destino. De cómo dos elementos pueden ser unidos a pesar de la distancia que separa a dos culturas que nunca han estado aisladas la una de la otra: la cubana y la española.
La muestra está integrada por varias series, para superar la veintena de pinturas firmadas tanto por Ávila como por Parrilla en diferentes técnicas pictóricas.
Este último ha traído a La Habana su más reciente trabajo: una colección de piezas de mediano formato de técnica mixta sobre papel, donde retoma imágenes captadas en Cuba para dotarlas de una atmósfera de “realismo mágico”. Tributo a una ciudad que adora, tanto a su gente como a su espíritu, según reconoció: “La magia de La Habana reside en su gente, el amor que le tengo es inmenso, no sólo a ella sino a toda Cuba, si de mí dependiera viviera medio año aquí y el resto en España”.

Fachadas coloniales, vistas de Casablanca y almendrones se esconden tras los trazos surreales del pincel de Antonio Parrilla
Enrique Ávila apuesta por un conjunto que asoma los recónditos más espectaculares de su trabajo en la plástica, una muestra que el doctor Leal ha bautizado como “El Canto de las Rocas”. En sus palabras para el catálogo de la exposición, apuntó: “¿Qué es el planeta sino una piedra perdida en el infinito? Una piedra inmensa, pero pequeña a los ojos del observador del universo (…) Cuando alguien es capaz de verlas y de descubrirlas, a veces llameantes, como en uno de estos cuadros, nos habla de que la Tierra no es inmóvil, sino que late como un corazón, que hierve como una artesa, que se convierte en fuego, que se convierte en espuma, en polvo: nos acercamos a su obra y la entendemos”.
Este proyecto de Enrique Ávila y Antonio Parrilla tiene aires de familia. Son dos artistas que construyen mundos imaginarios sin perder contacto con lo real, y a esa fiesta de sensaciones invitan al espectador con la exposición “Cruces Infinitos”, que acoge por estos días la Galería Carmen Montilla.
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