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Ernesto Lecuona-Epistolario (L)

12 de agosto de 2016

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Foto 154 (Small)

 

En librerías de la capital y provincias cubanas se encuentra a la venta la segunda edición de nuestro libro Ernesto Lecuona: cartas, publicada por la editorial Oriente, de Santiago de Cuba. Y para que los lectores de esta sección aprecien el contenido del aludido título, continuamos en De Ayer y de Siempre la inserción de gran parte de las epístolas que integran la aludida obra.

Desde su regreso a La Habana, en enero de 1959, Ernesto Lecuona tuvo pocos momentos de descanso. A pesar del deterioro de su salud, en los cuatro meses posteriores experimentó una especie de renovación de energías y para él resultaba escaso el tiempo dedicado a compromisos y proyectos profesionales. La puerta de la casa-finca que desde 1958 poseyó en el Chico Country Club, en el municipio habanero del Wajay, solo se cerraba por las noches, pues en las restantes horas permanecía abierta para dar paso a los artistas, directores, funcionarios de canales de televisión, periodistas y personalidades extranjeras, entre otros, que, por un motivo u otro, necesitaban reunirse con el compositor y pianista.

Los llamados Festivales Lecuona en el Auditórium –los días 23, 27 y 30 de mayo de 1959– lo mantuvieron muy ocupado todo ese mes, lo cual hizo que descuidara un compromiso editorial adquirido con la Edward B. Marks Music Corporation. Acerca de la importancia de cumplirlo, entre otras cuestiones, le comentará el abogado John Sperry en una carta escrita en Nueva York el 27 de junio de 1959, pocas horas después de una conversación telefónica entre ambos.

 

Querido Lecuona:

 

Esta carta [la] estoy escribiendo en mi apartamento porque no quería perder tiempo. Si fuera posible, me agradaría recibir los papeles, incluso antes de partir Herbert de Nueva York. Sírvase firmar los cuatro. Antes de firmar, Ernesto, deseo que usted haga cala y cata del contenido para enterase de todo, dado que por mi parte no he tenido nunca la oportunidad de leer todas las escrituras que usted ya legalizó de vez en cuando en el pasado.

Según lo que le he dicho hoy, estoy en espera de las liquidaciones de usted del año pasado y antepasado, así como de la cifras pertinentes a sus utilidades en el futuro. Estas son de suma importancia para tenerlas como base de cualquier arreglo que se nos proponga de Marks para determinar el valor de sus obras. Mi perito en materias de rentas (taxes) es contador actuario y me valdré de sus servicios para gestionar también con el gobierno federal. Me parece que es posible establecer una regla bajo la cual no tendremos que pagar de todas las sumas que recibimos el 30% al gobierno; eso es leonino. Estudiamos detenidamente el problema con [el] objeto de conseguir más plata. Eso lo haremos aun cuando sea necesario organizar una corporación aquí que perciba el dinero.

He tenido algunas pláticas con Felix Greissle, director de Publicaciones de la Casa Marks. Él me dijo que usted prometió componer una partitura con tres intervalos, no dos [sic]. Siguió explicando que al principio usted estuvo de acuerdo en componer una introducción “bolero” para orquesta, y cuando estuviera lista para editarse iba a mandársela a usted para su aprobación. Herbert también habló de este asunto. Me parece que sería muy ventajoso desde el punto de vista psicológico. Así nosotros estamos en mejores condiciones de pedir favores, o lo que sea. Naturalmente, cuando cumplo mi desempeño o promesa en estas cuestiones, siempre puedo recordar que hicimos lo que prometimos. Haga el favor, Ernesto, de entregar esta partitura. Usted sabe que en la Casa Marks acogen con mucho entusiasmo cualquier composición que usted produzca.

Si pudiéramos armonizar su viaje de vuelta con el programa de Sullivan y quizás una propaganda relacionada con las fiestas de Málaga u otras, y al mismo tiempo estar listos para proponer las condiciones para el nuevo convenio, entonces valdría la pena pasar algún tiempo en N. Y. en el otoño. La dificultad, aparentemente, es que Life, según Francia, se ha interesado en el cuento de Málaga, etc., ahora. A propósito, me pidieron su teléfono; no se lo di por que opino que usted tendría que hacer una cita para recibir una llamada en la oficina del sr. Fernández.

Fue un verdadero placer hablar con usted por teléfono. Ojalá que nos veamos pronto. Un abrazo de su amigo

Sperry

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