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Conjunto Casino

1 de noviembre de 2013

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Muchas son las opiniones entre los amantes de la música cubana que coinciden al afirmar que, las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX constituyen épocas de oro para la reorientación timbrico/sonora de nuestra más raigal creación popular. ¿Cuántas formas y géneros musicales fueron experimentados con acierto en este panorama señalado por una admirable laboriosidad creadora? Entonces el espectro musical  conoció de un danzón con radicales modificaciones en su estructura y que fue bautizado como “de nuevo ritmo”. El cadencioso bolero encuentra nuevos derroteros expresivos al concebirse en el marco del piano; y desde la guitarra y cantares marcados por novedosos cromatismos y expresiones cada vez más alejados de un diatonismo anterior, el feeling perfila matices y conceptos armónicos arropados en códigos muy sugestivos del jazz. Algo similar ocurre en la radical amplitud organofónica experimentada por nuestros formatos básicos intérpretes del son, cuando se les incorporó el piano, la tumbadora y dos o tres trompetas, para dar paso a lo que contempla la nomenclatura que registra nuestros formatos instrumentales, como “conjuntos-orquestas”, o simplemente “conjuntos”.
En este proceso se vio inmerso el Sexteto Casino fundado en 1937 por un grupo de músicos entusiastas dirigido por el tresero Esteban Regueira.
En el año1940 esta agrupación aún enmarcada en el formato sexteto, se amplia a “conjunto” para dar paso a la agrupación que por décadas se dio a conocer como el Conjunto Casino. Entonces su membresía eleva al joven vocalista cienfueguero Roberto Espí, a la dirección de este colectivo que muy pronto se lanza a la conquista de los bailadores y amantes de la buena música popular, a través de importantes espacios bailables, la radio y el fabuloso recurso discográfico.
Para la segunda mitad de la década de los años 40 el Conjunto Casino impone en el gusto popular,  un apreciable balance entre ritmo y melodía, ajuste timbrico perfecto y estilo ágil y simpático, no solo en Cuba, sino también en importantes y encumbrados enclaves artísticos foráneos. A esto se añade una envidiable alineación que a lo largo de sus años de esplendor, demostró una creatividad de excepción, a la que contribuyeron trompetistas de la talla de Miguel Román, Alberto Armenteros, Ildefonso Salinas;  pianistas de una amplia capacidad en la improvisación como, Robertico Álvarez, Ñico Cevedo o Rolando Baró, músicos que en diferentes etapas, conjugaron una elaborada rítmica con el quehacer de los bajistas Cristóbal Dobal o Luis Rodríguez [Pellejo]. Con el añadido que entrelazó, de manera perfecta, el  virtuosismo del conguero –ya en la actualidad reconocido como una verdadera leyenda-, Carlos [Patato] Valdés, a el que se suma el martilleo magnifico  del bongosero  Orlando “Chicuelo” Guzmán.
Este elenco de excepción se completó con las inigualables voces que alinearon a lo largo de su fecunda historia, y que cobra amplio destaque con la irrepetible y singular trilogía configurada por Faz-Espí-Ribot, y que a través de diferentes etapas, darían continuidad otros vocalistas de talla como Fernándo Álvarez, Felo Martínez, Leangel “Rolito” Rodríguez, Nelo Sosa, Orlando Vallejo, Alberto Ruiz, Orlando Morales, Jesús Navarro, René del Mar y Onelio Pérez.
Pienso que el Conjunto Casino, debe ser recordado no solo por el aporte invaluable que ha hecho al patrimonio musical de Cuba, sino también, como uno de los máximos exponentes del arte musical/popular.

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