Calle Inquisidor
16 de diciembre de 2019
|Centro Histórico: Habana Vieja

Calle Inquisidor
Se extiende desde la calle Muralla en la plaza Vieja hasta la calle Jesús María al sur de la ciudad. Esta calle parte de la Plaza Vieja, como continuidad de la calle Mercaderes, hasta la referida de Jesús María, para llegar al paseo marítimo o Alameda de Paula.
El historiador José María de La Torre la menciona como una de las más regulares desde el mismo momento de su trazado en el siglo XVI, cuando solo era un camino fangoso y sombrío. Su nombre lo debe al Comisario del Tribunal de la Fe, el Inquisidor, Don Antonio Claudio de la Luz, que a finales del siglo XVIII tenía su morada en esta vía, en una casa ubicada entre las calles Sol y Santa Clara. En un tiempo también se llamó de las Redes, porque debido a su proximidad a las aguas de la bahía, en sus inmediaciones tendían las redes los pescadores para secarlas al sol. Por su parte el historiador Pérez Beato refiere que se llamó Apodaca a principios del pasado siglo XX, debido al nombre del gobernador.

Calle Inquisidor deterioro de los palacetes coloniales
Refiere Santalices en su libro Calles de La Habana… que en esta calle nació Don Ignacio José de Urrutia (1735-1795), uno de los primeros historiadores de Cuba que junto a Valdés y Arrate escribieron magníficos volúmenes de historia, en su caso fue el autor de Teatro histórico, jurídico, político, militar de la isla Fernandina de Cuba. Añade que cuando los Marqueses de Arcos abandonaron su hermosa residencia en la plaza de La Catedral, se trasladaron a otra ubicada en Inquisidor y Acosta, por ello esta esquina también se llamó del Marqués de Arcos; entre las personalidades de la nobleza colonial, también menciona radicado en esta vía al tercer conde de O’Reilly.

Calle Inquisidor hoy
La calle Inquisidor estuvo rodeada de hermosos y variados comercios, fondas, cafés, hospedajes, quincallas, boticas; entre estas últimas se destacó la farmacia “San José” propiedad del Dr. González Curquejo, instalada en los bajos del recién restaurado palacio Cueto, en Muralla e Inquisidor. A finales del siglo XIX el catalán Quírico Gallostra instaló en estos predios su rentable negocio que se tiene como la primera fábrica de mosaicos en la Isla.
La huella de la presencia hebrea se hizo sentir en esta arteria desde mediados del pasado siglo XX, porque los judíos inmigrantes se establecieron en sus alrededores y en esta calle, entre las de Santa Clara y Sol, se estableció la sinagoga sefardí “Shevet Ahim” y el colegio Teodoro Herzl, que llevó el nombre del creador del estado de Israel.

Calle Inquisidor
Lamentablemente en la segunda mitad del siglo XX comenzó el período de decadencia para la calle Inquisidor, cuando las magníficas residencias levantadas en su recorrido se convirtieron en casa de vecindad, subdividiéndose y transformándose considerablemente; las antiguas accesorias comerciales fueron desapareciendo para acoger usos incompatibles, almacenes y oficinas. En la actualidad espera por los frutos de la restauración que le devolverá su lucimiento perdido.
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