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“Aspiro a enriquecer la espiritualidad del ser humano”

6 de enero de 2017

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Por:

 

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Entre los nombres de quienes se consagran a divulgar la obra creativa de los otros está sin dudas el de Fernando Rodríguez Sosa, conocido periodista y promotor cultural, cuyo tono indagador y valorativo nos llega desde diversos espacios radiales (12 programas)  y televisivos, mientras que sus juicios escritos son  apuntes seguros en las páginas web de Habana Radio y del semanario Trabajadores.

Reconocimientos como la Distinción Por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro y el Nacional de la Lectura Raúl Ferrer, de la Biblioteca Nacional José Martí, son solo algunos de los importantes lauros que ha recibido Rodríguez Sosa, un hombre al que le resulta “casi imposible, determinar el momento más placentero de ese proceso que comienza cuando me acerco a un libro o a un autor y termina cuando, frente a la pantalla de la computadora, al micrófono o la cámara de televisión, concluyo mi comentario”.

“Cada uno de los momentos de ese proceso tiene su especial encanto. Disfruto, por ejemplo, recibir un nuevo libro, recién llegado de la imprenta, con su textura y su olor característicos; pero disfruto, igualmente, descubrir el mensaje, la lección que encierran sus páginas, al igual que el tratar de conmover –y convencer– al lector, al radioyente o al televidente de que ese libro merece ser leído y disfrutado”.

 

–Del periodismo a la promoción cultural, ¿cuándo supiste que ese sería el camino?

–Desde siempre, desde aquel mes de septiembre de 1974 en que, recién graduado como licenciado en Periodismo, comencé a trabajar en la propia Universidad de La Habana, al frente de un departamento de divulgación de la entonces Dirección de Extensión Universitaria. A partir de esa fecha, entremezclé mi trabajo de dirección institucional –en la revista Revolución y Cultura, en el Ministerio de Cultura y en la Fundación Alejo Carpentier– con mi labor como periodista, crítico y promotor cultural. Nunca me interesó abandonar el ejercicio de la profesión, de lo cual me congratulo pues, cuando fue necesario –por circunstancias que no merece recordar– abandonar las responsabilidades administrativas, pude continuar –e incrementar– esa labor de promoción en los medios de comunicación y en los espacios públicos, que tanto me apasiona y me enriquece.

 

–También la docencia ha anidado en ti. ¿En qué puntos se unen ambas profesiones?

–La docencia y la promoción cultural tienen una raíz común. Ambas nacen de la comunicación, de ese hermoso empeño de informar, enseñar, convencer, aleccionar, instruir… Desafortunadamente no he podido dedicarme con mayor asiduidad a ejercer la docencia, pero  he disfrutado plenamente esos momentos frente a un aula. Una experiencia, por cierto, que permite un enriquecedor “toma y daca”, pues uno enseña a sus alumnos, pero también uno aprende de ellos lo inimaginable.

 

–¿Qué valores consideras esenciales para quien se desempeña como periodista cultural?  

–No quisiera dar recetas al respecto, pero pudiera comentarte algunos elementos, en mi criterio, imprescindibles y no solo para el periodista cultural, sino para cualquier profesional de los medios de comunicación. En primer término, debe estar informado y no solo del sector o la manifestación de su interés; debe conocer de toda la realidad que le circunda, del mundo en que vive. La honestidad, la veracidad, el respeto, la eticidad, son, igualmente, rasgos que deben identificar la personalidad de todo periodista. Y si habláramos de sus informaciones, sus artículos, sus reportajes, sus entrevistas, sus críticas, sus crónicas, que logren ese justo equilibrio –a veces tan difícil de lograr– entre lo que se dice y la manera en que se dice.

 

–Actualmente lideras varios proyectos del Instituto Cubano del Libro, y la radio y la televisión también te deben algunos programas. ¿Cómo haces para siempre mostrarte tan ecuánime?

–Quizá en tu propia pregunta está mi respuesta. Me siento preparado, confiado. No creas que es una postura autosuficiente; es el resultado del trabajo de más de cuatro décadas por tratar de enriquecer mis propuestas. Te confieso que, en los inicios, era tímido y me propuse –y creo, modestamente, que lo he logrado– usar la palabra como ve­hículo esencial de comunicación. Hacer, parafraseando a Martí, que la palabra tenga alas.

 

–Debes sentir a la intelectualidad cu­bana como una familia. Explícame cómo es esa relación…

–Ha sido una relación hermosa, que se ha forjado a lo largo del tiempo, basada en el respeto y la admiración por la obra de quienes han contribuido a enriquecer, desde la contemporaneidad, la historia de la cultura cubana. Me enorgullece haber contado siempre con la colaboración generosa de los escritores y artistas a quienes he convocado alguna vez. No olvidemos, por supuesto, la sencillez y modestia que generalmente caracteriza a lo mejor de la intelectualidad cubana, que está convencida –y vuelvo a las palabras del Maestro– de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

 

–En tus entrevistas, hablas muchas veces de los premios que ellos han recibido. ¿Qué es un premio para ti?

–Alguien dijo que ganar un premio era importante y que no ganarlo no tenía la menor importancia. Es indudable que los premios estimulan. Son como un punto de llegada y, a la vez, de partida. Te permiten apreciar lo realizado y pensar en el rumbo futuro. He recibido algunos reconocimientos que me complacen y me comprometen. Pero, quizá parecerá un lugar común, los premios que más recuerdo son esas personas que en la calle, me felicitan por tal programa de radio, por aquel comentario en la TV… Son momentos que ningún premio puede igualar.

 

–Sueles preguntarles a tus entrevistados quiénes son, así de sencillo. ¿Quién es Fernando Rodríguez Sosa?

–Me has jugado una mala pasada. Ahora comprendo el mal rato que debo hacer pasar a mis invitados. ¿Quién soy? Ante todo, y siempre, un cubano. Un cubano al que le complace dialogar, comunicar, conversar… Y algo más: un cubano que nunca dejará de amar los libros.

 

(Tomado de Granma)

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