Pretextos y realidad…
29 de noviembre de 2013
|La conversación versaba sobre el desempleo, aunque en realidad más bien se trataba de un joven insatisfecho, de nombre Yunier, que argumentaba a David, su interlocutor y de mayor edad, que él no trabajaba porque lo único que había era como “cuentapropista”.
El animado diálogo se producía una mañana algo lluviosa de este noviembre en la esquina de las calles 17 y 2 en el Vedado capitalino.
Medité si me metía o no en la conversación y opté por observar, oír bien, grabar aunque fuera en el disco duro de la cabeza y no olvidar los fundamentales conceptos que allí se expresaban. “A lo mejor esto me daba para una crónica”, pensé.
En eso estuve unos 25 minutos hasta que David se tuvo que ausentar para incorporarse a su labor de albañil en una hermosa obra humana que allí se restaura y Yunier caminó como quien no sabe qué rumbo tomar.
Recordé también que el periodista podía acudir a las llamadas “fuentes” pasivas en busca de otros elementos, datos, cifras, que hicieran más sustancioso lo que pretendía escribir.
Y eso hice.
Leí un despacho noticioso del diario La Jornada, de México, que cita datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) donde se habla de que en España, el desempleo juvenil aumentó este año de 18 a 52.4 por ciento, y en Grecia de 25 a 54.2 por ciento.
Pensé entonces, debiera explicarle esto a Yunier. Pero ya él no estaba.
Otros datos a los que tuve acceso señalan que en México, un país de nuestra región —según la propia OIT— un millón 308 200 personas de 14 a 29 años carecían de trabajo a finales de 2012.
En este mismo sentido, los desempleados que han permanecido más de 10 meses sin encontrar trabajo son un 10 por ciento en Canadá, 12.9 en Finlandia, y 15.8 por ciento de Suecia. El promedio en este renglón fue de 35 por ciento para los países europeos. Las tasas máximas fueron hasta de 60 y 70 por ciento en Grecia, Irlanda y Eslovaquia.
Se pronostica que a nivel mundial este año habrá 73.4 millones de jóvenes desempleados, una tasa que representa un aumento de medio millón de desocupados jóvenes respecto al 2012.
Con tales elementos me pareció prudente volver al diálogo inicial. De Yunier no supe cómo localizarlo, pero David, que se acordaba de mi cara de “observador” en la conversación del día anterior, me explicó algunos conceptos— “mi forma de ver las cosas”— me aseveró, que quiero compartir con los lectores.
Mira, en esto de que en Cuba “no hay pincha” (trabajo) yo creo que es un pretexto de quienes no quieren hacer nada. Conozco de personas, jóvenes en su mayoría, que, o dejaron la escuela o la terminaron y no se adaptaron a “doblar el lomo”, porque cosas que hacer hay muchas, en el campo, la agricultura, esto mismo de la construcción, hasta de maestros que buena falta hacen.
Y continuó: Tengo 36 años. Estudié hasta onceno. Tuve una hija —me enseña la foto— es preciosa le digo, y me cuenta: lo importante es trabajar, no todos podemos ser universitarios pero nadie debe ser vago, como los que se ven por ahí “inventando” y no precisamente cosas buenas.
Y concluye: “también conozco a algunos que se incorporan a la construcción para ver si se pueden robar una lata de pintura, un poco se cemento o un saco de polvo de piedra que es muy fácil ver cuando lo venden por ahí. Pero esos siempre terminan mal. Yo prefiero lo legal, aunque sea poco, pero mi hija debe crecer sabiendo que su padre trabaja y no roba”.
¡Qué pena que el joven Yunier no estuviese cerca para que al menos oyera los argumentos de David!
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