El tránsito de Venus y el convento de Belén
6 de diciembre de 2022
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El paso de Venus frente al sol, el 6 de diciembre de 1882, está entre los eventos astronómicos más interesantes del siglo XIX. Solo Mercurio y Venus presentan tránsitos, que ocurren cuando uno de ellos se alinea entre el sol y la Tierra. En el pasado, tales fenómenos tenían enorme importancia científica, pues permitían calcular los elementos orbitales del planeta en cuestión, la paralaje solar y la distancia de la Tierra al Sol.
Por dichas razones, se previeron en Cuba dos series de observaciones del tránsito o “paso” de Venus. Las de La Habana, por el padre Benito Viñes con un equipo de profesores del Observatorio del Real Colegio de Belén, empleando un telescopio refractor, un cronómetro de precisión, un cronógrafo de péndulo, un teodolito, y un sextante provisto de horizonte artificial; todo ello de la mejor tecnología existente en el siglo XIX, lo que posibilitaba cumplir con los estrictos requisitos exigidos para dar como válidos los datos que aportase el Observatorio.
La posición geográfica de Cuba era favorable para seguir el tránsito de principio a fin, con el sol bien alto sobre el horizonte. Tanto fue así, que trabajaron aquí dos equipos científicos; el de Belén en el occidente de la Isla, y en el oriente la Comisión Científica oficial española, que viajó a la ciudad de Manzanillo. La Comisión estaba encabezada por el astrónomo Cecilio Pujazón, director del Observatorio Naval de San Fernando, quien tomó como base al antiguo Hospital Militar de la Ciudad, en la llamada Plaza Fuerte, donde se colocaron tres telescopios refractores en montaje paraláctico, tres cronómetros de precisión, y un cronógrafo capaz de medir décimas de segundo.
Los datos de Viñes en La Habana y de Pujazón en Manzanillo, fueron remitidos a los observatorios de Washington, Greenwich, Madrid y París, documentando así, hace 140 años, el primer tránsito de Venus calculado y seguido con instrumentos científicos desde Cuba.
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